El mercado de divisas no tiene un edificio ni una campana. Está abierto desde el domingo por la tarde hasta el viernes por la tarde, hora de Nueva York, porque siempre hay alguna plaza financiera despierta. Pero abierto no significa activo.
Las cuatro plazas
Sídney abre a las 8 de la mañana hora local y cierra a las 5 de la tarde. Es el arranque de la semana y el tramo más tranquilo del día.
Tokio va de 9 de la mañana a 6 de la tarde, hora de Japón. Aquí se mueven el yen, el dólar australiano y el neozelandés. Los pares europeos suelen dormir.
Londres opera de 8 de la mañana a 5 de la tarde, hora del Reino Unido. Es la plaza con más volumen del mundo. Euro, libra y franco suizo se mueven aquí, y muchos días la tendencia se define en esta sesión.
Nueva York cubre de 8 de la mañana a 5 de la tarde, hora del este de Estados Unidos. Todo lo que lleve dólar tiene su momento aquí, y los datos económicos estadounidenses, que salen a media mañana, mueven el mercado entero.
El solapamiento
Durante cuatro horas, Londres y Nueva York están abiertas a la vez. Es el tramo con más participantes, más volumen y spreads más bajos. Los movimientos son más amplios, los niveles técnicos se respetan o se rompen con decisión, y las señales tienen más recorrido. Si solo pudieras operar unas horas al día, serían estas.
El hueco
Entre el cierre de Nueva York y la apertura de Tokio hay un par de horas en las que el mercado está abierto pero casi vacío. Los spreads se amplían y un movimiento pequeño puede saltar stops que en horario normal no se tocarían. Una señal en ese tramo no es inválida, pero merece más espacio de stop y menos tamaño.
El horario de verano
Sídney, Londres y Nueva York cambian la hora dos veces al año, y no el mismo día. Tokio no cambia nunca. El resultado es que las sesiones se desplazan respecto a tu reloj en marzo, abril, octubre y noviembre. Por eso conviene mirarlas convertidas a tu hora en cada momento, no memorizarlas. La brújula de sesiones lo hace automáticamente y te dice qué plaza está abierta ahora.