Toda estrategia con acierto menor al cien por ciento tiene rachas de pérdidas. No es una posibilidad: es una certeza estadística. La única decisión que te queda es cuánto dolerá cada una.
La primera trampa: las pérdidas no se suman, se multiplican
Si arriesgas 10% por operación y pierdes diez veces seguidas, no pierdes el 100%. Cada pérdida se descuenta sobre lo que queda: 0.9 elevado a diez da 0.35. Te queda el 35% de la cuenta. Parece un alivio hasta que miras la segunda trampa.
La segunda trampa: recuperar cuesta más que perder
Para volver de 35 a 100 necesitas ganar un 186%. Perder la mitad exige ganar el doble. Perder el 20% exige ganar el 25%. Perder el 10% exige ganar el 11%. La asimetría crece de forma explosiva conforme la caída es mayor, y es la razón por la que los riesgos altos no son “agresivos” sino terminales.
Con 1% por operación, diez pérdidas seguidas dejan la cuenta en 90.4%, y se recupera con un 10.6% de ganancia. Con 2%, en 81.7%, y se recupera con un 22.4%. Esas son cuentas que sobreviven a una mala racha y siguen operando la siguiente señal con la misma calma.
La tercera trampa: la racha es más probable de lo que crees
Con 55% de acierto, perder diez veces seguidas en un momento concreto tiene una probabilidad de 0.45 elevado a diez, alrededor del 0.03%. Suena imposible. Pero en doscientas operaciones hay doscientas oportunidades de que empiece una racha, y la probabilidad de que ocurra al menos una vez en el año sube a cerca del 6%. Rachas de siete pérdidas, con la misma tasa, ocurren en la mayoría de los años. Planificar sin contar con ellas es planificar para la cuenta de otro.
Lo que se hace con esto
Se elige el riesgo por operación mirando la racha, no la señal. La pregunta correcta no es “cuánto puedo ganar si sale bien” sino “con qué riesgo sigo operando igual después de diez fallos”. Para la mayoría, la respuesta está entre 0.5% y 2%. Puedes ver tu propio número, con tu tasa de acierto y tu volumen de operaciones, en el simulador de rachas.